Analía Rego en la Manzana de las Luces

por Gabriela Zubiría

Mientras la noche cae, plácida y fresca, sobre una abochornada Buenos Aires, la gente va llegando a la Manzana de las Luces. La cita es con la guitarrista Analía Rego que presenta en concierto su tercer trabajo “Un Siglo de Tango”.

Sale a escena y, tras los aplausos de rigor, agradece y distendida comenta que el nombre de este trabajo obedece a dos motivos; el primero relacionado con el hecho de que una vez completada la elección del repertorio se encontró con que abarcaba, prácticamente, a todas las variables que ha tenido en tango en los últimos cien años; la otra -sonríe- es de carácter absolutamente práctico, casi un siglo es lo que le llevó editarlo y sacar este disco a la calle.

La sala festeja y será en ese clima, festivo y ritual, el que atravesará el concierto. Suena Gallo Ciego y luego Trenzas y la poética de Homero Expósito (“¿Adónde fue tu amor de flor silvestre? / ¿Adónde, adónde fue después de amarte? / Tal vez mi corazón tenía que perderte / y así mi soledad se agranda por buscarte”) se magnifica en la impecable intepretación. Apenas ha comenzado el concierto y podemos sentir, gozosos, que el maestro Horacio Ferrer fue preciso al prologar el disco, y sí “la guitarra en manos de ella suena a ruego y a misterio y a memoria”.

Es el turno del tango Bahía Blanca “que no siempre fue Bahía Blanca, sino que originalmente se llamó Celeste y Blanca Academia Fútbol Club”, comenta Rego con tono coloquial y así va desgranando el contenido de su repertorio al que lo sucede el -colosal, en opinión de muchos especialistas- tango Don Agustín Bardi, del maestro Horacio Salgán.

Llega el turno de los invitados porque a ella la guitarra “le gusta sola, pero no tan sola”, se suma el maestro Claudio Aristimuño y ahora en dúo de guitarra y flauta nos deleitan con una versión de “Burdel 1900″, de la suite Historia del Tango de Astor Piazzolla para cerrar la primera parte del recital con la juguetona melodía de “Palomita Blanca”, con arreglos de la propia Rego.

Tras un breve intervalo la sala se llena con los acordes de Por una cabeza, Mimí Pinsón, Gran Hotel Victoria y una exquisita versión de Los Mareados. Es notable como la música viaja límpida a través del silencio, casi místico que se genera en el público en cada interpretación.

Y se acerca el final, sube a escena el bajista Máximo Rodríguez y, juntos, nos atraviesan con la milonga Nocturna, de Julián Plaza. A esta altura es más que probable que hayamos sucumbido al influjo de esta mujer, su música y la elección exquisita de este repertorio; pero hay algo que trasciende todo esto y es imposible pasarlo por alto: la sociedad Rego-Rodríguez funciona, la química está ahí, la milonga de Julián Plaza hace silbar (sí, silbar!!) al circunspecto auditorio y la versión de ¿Quién dijo que 20 años no es nada? -la cuarta para ser exactos, como nos aclaró Rodríguez, además autor de la pieza- componen un broche de lujo para un concierto de lujo.

Respetando rituales, tras la despedida inicial Analía Rego vuelve a escena y, tras los agradecimiento de rigor, hace un bis: La Cumparsita.

Y ahora sí, se terminó. Durante algo más de una hora fuimos otros, espíritus inquietos y gratificados y eso, no es poco.

Gabriela Zubiría | 20.XI.2009

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Categories: Conciertos, Discografía
Posted By: admin
Last Edit: 04 Dic 2009 @ 12 41 AM

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